jueves, 1 de junio de 2017

DESPERTAR

Gracias Alicante por habernos dado tanto.  Por dárnoslos todo sin haberlo luchado. Habrá sido el karma, que nos ha devuelto con retraso las recompensas de las luchas pasadas.

Vivir en El Campello ha sido un sueño, y como de todos los sueños, hay que despertar. Nuestro sueño ha durado menos de un año. Un curso escolar, el más corto de mi vida. Todavía no acepto que nos marchamos. No lo quiero aceptar. Muy dentro de mí, en secreto, sigo esperando el milagro que nos permita quedarnos aquí, que nos permita prolongar el sueño. Alargarlo lo máximo posible. Mi mente sabe que ese milagro no va a llegar, pero mi alma lo desea tan fuertemente, que podría llegar a ocurrir. Si las alas de  una mariposa pueden causar un tornado, qué no puede conseguir la energía de una madre luchadora. De todas formas, la vida nos va llevando hacia donde considera, y contra eso no se puede luchar, hasta la más luchadora de las madres tendría la batalla perdida de antemano. Cualquier sitio es válido, pero que no nos quite la felicidad, por favor, que no se la quite a mis hijos. 

La gente dice que los cambios son para mejor, pero yo lo veo como una forma cualquiera de consuelo, ya que de ser así la gente no tendría miedo a los cambios. Ocurre desde que somos pequeños: a los niños les da seguridad saber lo que viene después, por eso es importante, sobre todo para los niños con necesidades especiales, que se les anticipe lo que va a ocurrir. Ahora jugamos y después vamos a bañarnos. Ahora nos bañamos y después vamos a cenar. Ahora cenamos y después vamos a dormir. Los adultos somos iguales. El problema es que los adultos no tenemos un adulto más adulto que nos diga lo que viene después. Quién lo sabe. Ahora somos felices ¿y después?

Mi mayor miedo es que mis hijos dejen de ser felices. Le pido a la vida que no lo permita. Le suplico que no les quite lo que les ha dado. No puedo estar más agradecida por este año, joder qué año más corto. 

Empecé este blog hace unos meses, al poco de llegar aquí, el primer día de colegio de mi hijo mayor. Mi felicidad empezó un día antes, el día que conocimos al que sería el equipo docente de mi hijo.  No podrá ser mejor. Qué afortunados nos sentimos. Le pedí al tiempo que se detuviera. No me lo concedió; al contrario, corrió más. Demasiado. No me ha dado tiempo a asimilarlo todo. No me ha dado tiempo siquiera a agradecerle lo bastante a la vida este regalo que nos ha dado. Quizá es por eso que nos lo quita. Quizá éste no era nuestro destino y era sólo un alto en el camino. Una parada para coger fuerzas.

Ha sido mi año sabático, no de descanso, pero sí en cuanto a lucha se refiere. Un año de tregua en el que me había olvidado de las armas. Había empezado a acostumbrarme a la facilidad, a la normalidad y al buen uso del sentido común. Pero antes de que acabase el año he tenido que volver a desenfundarlas. Vuelvo al frente, a luchar por aquellos que no pueden hacerlo por ellos mismos, mis hijos. No estoy en forma pero no ha habido tiempo de entrenamientos, así que tengo que ir a por todas. Ha empezado la batalla y no se puede bajar la guardia. 

No estoy siendo totalmente objetiva. La felicidad no era completa (claro, nunca lo es), al menos, no para todos nosotros. Él no era feliz. No era feliz de lunes a viernes de 9 a 19:30 (los días buenos, los malos la infelicidad se prolongaba más) y eso es mucho tiempo. Yo no le daba importancia, no quería dársela. Sólo pensaba en la felicidad de los otros tres componentes de la familia. Deseé con todas mis fuerzas que la vida le compensara el sacrificio que había hecho por Nicolás y, ese deseo sí se ha cumplido. Para él va a llegar más felicidad, se la merece, pero no quiero que se vea sacrificada la de los niños. Es lo único que le pido ya a la vida. Y sólo me queda dar gracias por este sueño, que ha sido mío y de los peques. Qué pena que no haya sido de los cuatro. 

Ahora tengo un cruce muy fuerte de sentimientos, pero es justo que prevalezca el de agradecimiento.  Y en agradecimiento lucharé más que nunca. Lucharé hasta donde me lo permitan las fuerzas. Creo que es mi parte del trato. Pero antes de que la guerra llegue a su punto álgido tengo que agradecer a muchas personas el granito que han aportado de felicidad a nuestras vidas. Nadie lee este blog, sólo yo, así que lo escribo para no olvidarme nunca de ellas porque no sería justo. Las personas responsables de nuestro sueño: 

Nuria, mi primer contacto aquí. Raquel, Marisa, Begoña, José, Teresa, Marina, Vicente, Irene, GRACIAS. Marisa Oltra, qué tarde te he conocido, no sólo yo debo darte las gracias, toda la comunidad educativa está en deuda contigo. Irene, Adrián, Susi y Mauri, se me parte el alma por alejarnos de vosotros. GRACIAS.


Mi corazón estará siempre lleno de vosotros. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. Gracias por este sueño del que nos toca despertar.

Cómo he podido olvidarme de nuestros ángeles de la guarda. Siempre ahí, velando por nosotros. Cuidándonos tanto. GRACIAS

lunes, 12 de septiembre de 2016

Más especiales que los niños especiales

Están los niños con necesidades especiales y, luego, están sus hermanos.
Mi hijo Marco con sólo dos añitos es la persona más especial y maravillosa que he conocido en mis treinta y cinco años de vida. A Marco, siendo el hermano menor, le ha tocado ser el hermano mayor. Tiene un carácter muy fuerte, a veces demasiado, pero le va a venir bien ya que, en este mundo de mierda, va a tener que sacar la cara por él mismo y por su hermano mayor. 
Hace unos meses, sus cuidadoras de la ludoteca a la que iba en Italia me hacían mucho hincapié en lo especial que es Marco. Me decían que nosotros no nos dábamos cuenta pero que ellas, que están acostumbradas a trabajar con niños, sí. 
Fue muy dura y muy triste la despedida. Hace ya más de tres meses que nos fuimos y a día de hoy siguen diciéndome cuánto le echan de menos.
Hace unas semanas empecé a darme cuenta yo también de lo especial que es mi hijo Marco. Empecé a entender lo que sus cuidadoras intentaban decirme. Nunca supieron explicarme o describirme en que consistía ese ser "especial", sólo me decían que era un niño muy especial. 
Ahora lo veo. Ahora lo entiendo. Y, al igual que sus cuidadoras, no sabría explicarlo ni describirlo; al menos, no mejor de lo que la propia palabra "especial" es capaz de describir. 
Prometo intentar estar a su altura. 




jueves, 8 de septiembre de 2016

Llegó el gran día

Hoy ha llegado el gran día. Como todas las cosas buenas se ha hecho esperar. Hemos apostado nuestras vidas a este momento, pero no tenemos miedo; es el caballo ganador.

Nuestro hijo Nicolás hoy ha empezado el curso escolar en un centro con profesionales adaptados a sus necesidades. Hoy es el primer día de su nueva vida, la que le corresponde, la que se MERECE. Hoy es el primer día de NUESTRA VIDA. 







Sentimientos encontrados

Desde hace unos días he empezado a reencontrarme con mis sentimientos. Estaban encerrados en un baúl. No los encerré yo, se autoencerraron ellos solos al sentirse tan abandonados. Tan abandonados que ni había notado su ausencia. Después de años separados ha sido un reencuentro muy fuerte. Se hacen notar mucho; los tengo a flor de piel. Les doy las gracias por haber sido pacientes y haberme esperado. El tiempo es algo que he pedido muchas veces a muchas personas distintas pero no todos somos capaces de concederlo. Mis sentimientos, en cambio, sí me lo han concedido sin siquiera pedírselo y me siento muy afortunada por ello. 
Las cosas están volviendo a su ser. Parece que terminó el descontrol, me atrevería a decir que estamos saliendo del círculo negro y yo estoy volviendo a ser. Simplemente a ser. Gracias. 


lunes, 5 de septiembre de 2016

Que se detenga el tiempo

(breve descripción de nuestra situación actual)


Tras un periodo horrible (nuestro círculo negro), que ha durado demasiado, estamos en un momento de absoluta felicidad. Me da miedo decirlo, me da miedo hasta escribirlo. Me aterra pensar qué vendrá después. Hace mucho que no tenemos periodos de felicidad muy largos y desde que soy madre me he vuelto muy miedosa. Siento miedo por mis hijos, porque algo malo les ocurra y porque algo malo me ocurra a mí. Quiero disfrutar al máximo este momento porque llevábamos esperándolo mucho tiempo, demasiado, yo casi había perdido ya la esperanza, pero por fin ha llegado. Después de un año durísimo ha llegado un verano dispuesto a ponernos a prueba. Y lo hemos superado, siempre hemos superado todo. Hace unos días comencé a ver la luz al final del túnel, y eso es junto lo que más me aterra. Cada vez que he vislumbrado la luz algo horrible ha sucedido, superando en cada caso al anterior. Esta vez he decidido ser fuerte. Planto cara al destino. Ese destino que ha sido tan duro y cruel con nosotros últimamente, ya no lo va a tener tan fácil, somos fuertes y valientes. Somos la familia a la que le toca ir a la montaña cuando en realidad quería ir a la playa. Hemos ido a la montaña y hemos coronado la cumbre. Ha sido muy difícil pero lo hemos conseguido. No vamos a bajar de la cima, no nos vamos a rendir nunca. No hemos llegado hasta aquí para abandonar. Somos conscientes de que la vida en la cima de la montaña no será fácil, pero en este momento la montaña nos está tratando muy bien. Ojalá este momento durase para siempre, ojalá se detuviera el tiempo. Ojalá pudiera disfrutar de mis hijos y con mis hijos eternamente.  De momento voy a disfrutar el presente como debe hacerse, como si no hubiera un mañana, aunque en alguna parte de mi corazón seguiré deseando que se detenga el tiempo.